La guerra de los seis días cumple 45 años

Si hay  algo que no podemos negar, es que una de dos: o los manifiestos proponen soluciones viables, o defienden utopías irrealizables. En ambos casos es imperativa la transparencia en los argumentos y la firmeza en la defensa de los mismos.

Los gobiernos de Israel, todos, absolutamente todos desde el final de la guerra de los seis días – aunque por razones e ideologías de diversa índole – promovieron y financiaron el establecimiento de asentamientos en los territorios ocupados – esos mismos territorios que Moshé Dayan insistía endeclarar que eran un instrumento de trueque, del tome-y-daca que redundara en un acuerdo de paz que normalizara de una vez y para siempre los relaciones con el pueblo que habitaba esa región de forma sistemática durante siglos, lo que per se les otorgaba el derecho a ella, acorde con el Derecho Internacional y los tratados vigentes, reconocidos de facto y de iure por los sucesivos gobiernos del Estado de Israel.

Con la llegada al poder de la derecha en 1977, el proceso de apropiación indébita de los territorios alcanzó su apogeo.

El acuerdo entre Beguin y Saadat fue el primer gran paso: cambiar desierto inservible por paz, y dando un paso más allá de lo escrito y firmado, quedarse, apropiarse, adueñarse, anexarse los territorios “bíblicos” y, cómo no, garantizando una frontera segura y tranquila en el sur. A quienes nos tocó vivir aquellos días recordamos la retirada de los asentamientos de Iamit, comandada con mano de hierro y corazón de piedra por Ariel Sharon.

En esa destrucción de casas, de campos sembrados, de infraestructura rodoviaria, de escuelas, de clínicas médicas, de sinagogas, quedaba patente que la paz con Egipto no era una invitación a que tal proceso se extendiera a los otros territorios ocupados, sino un simple alejamiento del peligro egipcio, dejándole a Israel las manos libres para dedicarse de cuerpo y alma – como de hecho lo hizo y lo hace hasta el día de la fecha – a sabotear cualquier posibilidad real de que surja un Estado palestino viable (y en el núcleo de esa viabilidad está lo que en hebreo se define como retsifut territorialit, o sea, un territorio indiviso). Aún resuenan en la memoria de muchos las ofertas de Egipto para comprar y pagar con petroleo las casas y campos dejadas por los colonos.

Los años, los lustros y las décadas que transcurrieron desde el inicio de la ocupación, demuestran que Israel siempre jugó con cartas marcadas, o sea, con el apoyo de los gobiernos norteamericanos – querido por ellos o impuesto por los poderosos lobbies – cuya visión de la realidad todos sabemos cuán lejos está de la realidad, ya que miran y velan por sus intereses y nada más que por sus intereses.

Siempre fue así, y así continuará. Obama no es ni será una excepción. El doble discurso (público y privado); la distancia sideral entre  las declaraciones y la realidad, transforman cualquier oferta progresista que propongan en papel mojado. Netaniahu lo dijo en sus discursos en Estados Unidos. Y la mayoría del Congreso lo aplaudió cuando afirmó que nada de fronteras de 1967, con o sin retoques cosméticos.

Más de treinta años de la derecha en el poder (Rabin estaba lejos de ser de izquierda, aunque era parte de una derecha “izquierdosa”), no podían pasar en vano en lo que se refiere a la formación de la opinión pública. El discurso de la izquierda se fue alejando cada vez más de los principios que esa misma Izquierda defendió desde la llegada de los primeros pioneros a Eretz Israel. Y así, poco a poco, pero de forma inexorable, el tejido social se fue contaminando y transfigurando, resultando en el monstruo amorfo del presente. Pobres casi miserables apoyando a los partidos de los patrones y los neo liberales. Izquierdistas de ayer votando a neo conservadores. Pacifistas de anteayer dándole el voto a partidos militaristas, autoritarios, racistas y/o fundamentalistas.

En lo que respecta a las comunidades judías “diaspóricas”, en general sufren enfermedades que atacan la esencia de cualquier grupo homogeneo en su judaismo, pero heterogeneo en sus conceptos y en la forma de definir ese judaismo: la incapacidad de recibir información plural, que, no lo olvidemos, es fundamental para poder comparar ideas, proyectos, discursos, y llegar a conclusiones descontaminadas del virus de la parcialidad.

Sí, la prensa comunitaria – de forma muy mayoritaria – es alimentada con noticias, ideas y dinero salidos del gobierno de Israel y de sus múltiples asociaciones, federaciones y confederaciones.

Solamente se publica el lado bueno de Israel y el malo de los otros. Y es así que día a día, mes a mes, año tras año, se construye una opinión pública “imbecilizada” gracias al unilateralismo de la información recibida. Y eso es un hecho. Mientras que personas de prestigio que defienden ideas humanistas y progresistas son víctimas de un “jerem” (embargo) por parte de los medios controlados por el Establishment, figuras de poca monta y menos sabiduría, pero que defienden a ultranza el “todo para nosotros y nada para los otros” tienen las páginas de dichos medios a su entera disposición.

Resumiendo, diría que el Estado de Israel soñado, lapidado, instrumentalizado y parido principalmente en la diáspora de la Europa Oriental de fines del XIX, e implementado por cinco generaciones de pioneros, no existe más.

Los rascacielos sustituyeron a los kibutzim; las clínicas médicas privadas vaciaron los presupuestos de la salud pública y gratuita (cada vez menos gratuita); el Israel solidario con sus pobres, con sus ancianos, con sus enfermos, quedó confinado en cada vez menos páginas de los libros de Historia, y la Bolsa de Comercio, y la de diamantes, y las grandes cadenas, y los lujosos shopping-centers, ocupan lugares de honor en la escala de valores impuesta por la derecha. Y el imparable avance en la creación de un modus vivendi impregnado de fundamentalismo religioso, descaracteriza y mina la esencia – los principios y valores –por los cuales, sobre los cuales  y con los cuales, se construyó el moderno Estado de Israel.

Por todo eso, cualquier  manifiesto que pretenda mostrar la enfermedad y ofrecer un remedio, no puede ser superficial, si lo que desea es ser efectivo.

No pienso que manifiestos o proclamas consigan mostrar la luz al ciego, puesto que la ignorancia tiene como fundamento el principio de que quien no sabe crea que lo sabe todo. Pero no por ello debemos dejar de decir lo que los dueños de la realidad no quieren que se sepa. Aunque sea difícil de entender para los hipnotizados.

Bruno Kampel

PS: Para quien no sabe o no recuerda el motivo principal por el cual la derecha conquistó el poder en 1977: Lea Rabin dejara en su cuenta bancaria en los Estados Unidos (después de regresar a Israel cuando su marido concluyó su tiempo como embajador allí) la suma de dos mil dólares. Fue considerado un delito gravísimo, que la derecha supo usar con mucha habilidad para transformar esa nimiedad en un casus belli. ¡Dos mil dólares absolutamente legales! ¿Parece mentira?… Parece.

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