“Me da vergüenza ser judío” por Oscar Guindzberg

Rosa Guindzberg falleció el 10 de abril pasado y pese a que se convirtió al judaísmo hace varias décadas para casarse con Rubén, no pudo ser enterrada en el cementerio judío de La Tablada. Su inhumación debió hacerse en la Chacarita. Ella contrajo matrimonio con Rubén en el templo de la Nueva Comunidad Israelita, en Belgrano, criaron a su hijo en escuelas judías. Ésta es parte de una carta pública escrita por su cuñado Oscar:

“Siempre estuve orgulloso de ser judío: la comida, la música, la solidaridad dentro de la comunidad. Ahora me da vergüenza. No le permitieron a Rosa ser enterrada en un cementerio judío, porque ella no había nacido judía, sino que se convirtió al judaísmo siendo adulta. Convertirse al judaísmo no es tarea fácil, sobre todo desde lo sentimental, porque significa renunciar a una forma de vida que tenía previamente.”

“Rosa vivió 28 Pesaj, 28 Rosh Hashana y 28 Yom Kippur. Una vida dentro de la comunidad de la que fue expulsada luego de morir”.

Otro caso más de discriminación realizada por la lamentable conducción de AMIA. No podíamos esperar otra cosa del fundamentalismo.

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