la paradoja de mi destino

¿Por qué decís que sos judía si sos atea? – Esta pregunta comienza definiendo la paradoja de mi destino.

La gente cree que el ser.judío es solamente pertenecer a la religión judía, la gente cree que una persona o es judía o es católica o…

Pero el ser.judío es un concepto bastante más abarcativo.

Yo digo que el Judaísmo es una Cultura, y como todas las culturas, tiene aspectos políticos, económicos, y lógicamente una Religión. Y, así como cualquier ser en el mundo elige creer o no creer en Dios, un judío también elige creer o no creer en Dios.

Claro que esta elección la hice yo siendo adulta, habiendo leído bastante acerca de las religiones en general, y de los fieles de las mismas. Y me di cuenta de que antes de ser fiel a un “dios” inscripto en un cielo inteligible, prefería ser fiel a mí.

El hombre, para mí, no está hecho a imagen ni semejanza de nadie, sino de sí mismo. El creer en Dios implica que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto implica concebir al hombre como una entidad establecida a priori, que a su vez concibe la realidad en base a entidades universales, como “el bien”, “el mal”, y así, su comportamiento se establecerá también a imagen y semejanza de lo “bueno”.

Yo no concibo al hombre como una entidad establecida a priori, sino que abogo a los preceptos existencialistas que definen al hombre como proyecto y movimiento, el hombre es el hombre más su circunstancia, “uno es lo que hace”, el hombre “se va haciendo”, y la existencia precede a la esencia. Por lo tanto el hombre es enteramente RESPONSABLE de sí mismo.

Responsable y libre, concibiendo la libertad como la angustia de estar permanentemente condenado a decidir, la vida es una sucesión infinita de decisiones, y por lo tanto, es una sucesión infinita de renuncias.

***

No me acuerdo cuándo fue, pero el asunto es que un día mi madre me habló con solemnidad. Me dijo que había muchas personas que hablaban de “dios”, pero que dios no existía. Yo tomé ese asunto como un axioma.

Tiempo después, la palabra “judío” comenzó a resonar en mi cabeza de niña. Otros niños me preguntaban: ¿vos sos judía? Yo no tenía demasiado claro el asunto, hasta que un día se me aclaró de repente. Una amiga hacía su primera comunión, y había llevado a la escuela las tarjetitas. Yo tenía nueve años. Todas alargamos la mano y cuando llegó mi turno me dijo: “A vos no te doy porque sos judía”.

Aquello sin lugar a dudas, era algo trascendental, me refiero el ser.judío, de lo contrario nadie me habría vedado una invitación si no fuera un asunto bien importante.

Por aquellos tiempos yo pasaba muchas horas en la casa de mi abuela materna. Todos hablaban en Yidish, y me hacía un “fainkojun” en el primus de la cocina, también mi abuela hacía “lecaj”, y en la casa de mi abuela había un álbum. Un día mi tío abuelo me explicó que ellos eran siete, y que ellos tres (mi abuela materna y dos hermanos), habían venido “al Uruguay” después de haber perdido sus tierras al final de la Primera Guerra Mundial, porque antes vivían en el campo, en alguna aldea en Polonia, pero que los demás hermanos se habían quedado en Europa y los alemanes los habían matado. Y entonces, me mostró una foto de tres niños, y me dijo “ellos eran mellizos, y acá su hermano más grande”. Yo pregunté: “¿Dónde están?”. “Nunca más supimos de ellos”.

Un tiempo después, vi el film “Holocausto”, protagonizado por Meryl Streep. Yo no tenía idea de cómo había sucedido todo, pero ahí tuve una punta para comenzar (por mí misma) a entender ese asunto de que a los hermanos de mis abuelos los habían matado, y peor aún, habían matado a sus niños, y a sus viejos.

Nadie se molesta en andar matando a mares, así que supuse que ser.judío debía ser algo muy importante como para que se hubieran tomado tantas molestias, como para que todo el mundo hablara de nosotros, como para estar siempre en “la mira”.

La historia de mi otra abuela, es distinta. Mi padre nació en Viena, Austria, y vinieron al Uruguay justito en 1939, tomaron el último buque y si no lo hubieran tomado, yo no habría nacido.

Yo de niña adoraba las historias de la emperatriz Sissi, y vivía preguntándole a mi abuela si había estado en Schönbrunn, en aquellos jardines que se veían en los dibujos de los libros de la colección Bruguera, le pedía que me contara la historia de cómo había conocido al emperador, esa sí que era una historia de amor para una niña con mucha imaginación como yo.

Así crecía, yo era judía entonces, porque pertenecía a familias que las quisieron matar porque hablaban en yidish, y comíamos fainkojun y además yo había ido al jardín de infantes del Zhitolvsky porque el “yeide” Boris me llevaba, así que eso era para mi ser.judío.

Era un orgullo que a pesar de haber querido matar a mis abuelos ellos hubieran podido venir a este país, así que era un orgullo para mí ser judía.

A medida que crecía y me iba haciendo adolescente, la palabra “judío” en la boca de los otros sonaba con cierto dejo peyorativo, y yo iba asimilando esos sucesos.

Según mi tío abuelo, a los judíos los habían matado los alemanes porque envidiaban que fueran inteligentes, que pudieran ahorrar, eso me había dicho cuando era una niña. De lo que sí estaba cada vez más segura era de que el mundo no quería demasiado a los judíos.

De pequeña en mi casa no se hablaba casi nada de Israel. Lo único que me habían contado era que es uno de los países “más nuevos”, que hace “muy poco” que declaró su independencia.

Fue ya de adulta, después de los veinte años, que me propuse como objetivo fundamental entender. Todo quería entender, ¿porqué el Holocausto?, y así fue que comencé a estudiar nuestra historia. ¿Por qué un desgarbado y decrépito malnacido había decretado que las personas que tenían cuatro generaciones atrás un judío tenían “sangre judía” y que la sangre judía impedía la pureza de las razas? ¿Acaso la sangre judía se identificaba en algún tipo de hemograma?

Los romanos nos habían expulsado del Segundo Templo, y desde entonces andábamos errando por el mundo, habíamos sufrido persecuciones, pogromos, nos habían expulsado de España en 1492. -¿1492? Me pregunté. Qué casualidad, el mismo año que Cristóbal Colón descubrió América.

Fue entonces que me pregunté por qué en todas partes se hablaba de 1492 como el año del descubrimiento de América y por qué nadie decía que también en 1492, los reyes católicos habían expulsado de España (Sefarad) a los judíos, y habían llegado tan lejos, que si los atrapaban los quemaban en Autos de Fe, ¿por qué nadie decía NADA de eso?

Lo cierto es que para salvarse de las hogueras santas, los judíos estaban obligados a convertirse al cristianismo, a olvidar para siempre sus raíces, y jamás revelar este secreto a generaciones venideras. (Seguramente hay tantos antisemitas que llevan “sangre judía” y ni idea tienen…)

Y así fui atando cabos, hilvanado hilos, y fui comprendiendo el Retorno, la cosa había sido que ya hartos de maltratos, del hambruna, desde la Rusia zarista, habían huido y a través de las montañas, y habían ido a parar a la colonia británica de Palestina, y no habían encontrado lo que habían imaginado, sólo cuatro aldeas polvorientas, y territorios fangosos e improductivos.

Fue entonces que se propusieron erigir ahí un hogar, INTEGRANDO a quienes ya estaban e iniciándolos en el asunto del progreso, hicieron de pantanos fangosos territorios cultivables, le ganaron espacio al desierto, trabajaron veinticuatro horas a cambio de casa y comida… y aquello comenzó a dar sus frutos, y el progreso llegó a la zona.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, fueron llegando los sobrevivientes de los campos de exterminio en destartalados navíos, provenientes de otros campos de refugiados en Creta, teniendo que entrar a la noche por la bahía de Haifa, pasando a veces meses dando vueltas para burlar la vigilancia de los británicos, que no querían que entraran allí más judíos bajo ningún concepto.

Muchas son las falacias que se dicen acerca de los palestinos.

Pero lo cierto es que en el año 1948, fue votada por la ONU la partición en dos estados, uno para los judíos y otro para los palestinos, y los palestinos dijeron NO. Y fue entonces que abandonaron Israel por sí mismos. Les dijeron que retornarían invadiendo y así acabarían con todos los judíos, pero las cosas se desviaron, y de un día para otro un cúmulo de palestinos quedaron apátridas y refugiados. No tuvieron asilo ni en Siria, ni en Jordania, y fue entonces que pasaron a la condición perenne de “Refugiado”.

Este hito lo aprovecharon muy bien los antisemitas, y surgió el mote del “pobre palestino oprimido”. Por deducción natural, un mundo antisemita, toma parte por el enemigo de Israel, por eso TODOS tomaron esa causa al hombro, pobres palestinos, no importa, no sabían dónde quedaba Israel, pero pobres palestinos.

Y esos “pobres palestinos” devinieron en yihadistas, adoraron el suicidio,¿cómo el mundo puede defender ESO? El mundo no pregunta, algún incauto dice “pobres, después de que les robaron todo es “natural” que se suiciden”…

Lo cierto es que, desde que existe un Estado Judío, (por ahora) parecen haber acabado las persecuciones, y los genocidios para nosotros. Así, el estado de Israel, vela por todos y cada uno de los judíos del mundo.

Quien sabe cuánto dure el “interludio”. Porque la yihad islámica, no descansa, trabaja no sólo en Israel sino en el mundo entero, y por si fuera poco surgió el Hitler posmoderno de Mahmud Ahmadineyad, acérrimo machista, homofobo, antisemita, que dice querer borrar Israel de la faz del planeta. Y el mundo entero lo APLAUDE. Y el que no aplaude, hace silencio, y no dice nada.

Vaya paradoja que resulta ser una judía de izquierda, como finamente terminé por definirme. Nadie lo entiende.

Del lado de las derechas me dicen que cómo voy a ser de izquierdas, que todas las izquierdas son anti-Israel, y pro-Irán y algo de razón tienen. Pero, a mi en casa me enseñaron que las personas valen por lo que son y no por lo que tienen, también me enseñaron que no importa nada del asunto de las razas, que todos somos iguales, me enseñaron a ser auténtica, a decir la verdad, y a ayudar a otro sin interés alguno.

Resultando ser las derechas conservadoras, y adscribiendo a morales establecidas a priori, fue que me dije que NO era yo nada de eso, en mi casa me enseñaron que todos deberían de tener los mismos derechos a casa y abrigo, eso me lo enseñaron de chica.

Por el lado de la izquierda se me acusa de ser “Imperialista” por decir SI ISRAEL, y de yo estar a favor de la guerra, si yo amo las guerras, y me regocijo de ver las calles de Israel teñidas del púrpura de la “sangre palestina”. Pobres, no entienden nada.

No hay duda de que mi Destino es una paradoja. Pero es el que elijo y por lo tanto, para mí es un orgullo el ser judía. No importa que a cada uno que me pregunte le tenga que explicar mil veces.

Anna Donner Rybak © 2011

FUENTE: http://orgullojudio.blogspot.com/